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EDUCACIÓN

 

Educación. Aportaciones

 

Recientes:

- ¿Cómo educar la creatividad en el contexto actual? Varios autores 
-
Para analizar la LOCE y la LOGSE 
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Educación: Definición y conceptos. Antoni Ramis.

 

Archivadas:

Amar los libros (libros en peligro). Pablo Combin 
Educar para la acción y el compromiso social. Feliciano Robles
Educación. El origen de nuestra autoridad. Francisco J. Lozano
Este mundo de la injusticia globalizada. José Saramago
Degradada y degradante realidad educativa? Varios autores.
ESO es lo que hay Varios autores.
Cibervoluntarios, caraduras e incompetentes. Maki
Europa, esta gran desconocida. Enric Renau
Conocimiento de la Unión Europea en la ESO. Mar Padilla
Análisis del proyecto de reforma LOCE. Antoni Ramis
Los derechos de los niños y las niñas. Alfonso Luque Lozano  
La LOU. Varios autores  
Libertad vigilada. Jordi Guim 
Estar enamorado. Francisco Luis Bernárdez (mandado por José Zaiter)
Jalones del camino en construcción. Manifiesto del grupo "Aprendiendo". Feliciano Robles y muchos más
Sócrates. José Zaiter
Formación Ocupacional: Certificados. Varios autores
Formación ocupacional: Educadores sociales. Varios autores
La calidad y los servicios de orientación y apoyo al alumno. Fco. Javier Lozano
¿Orientación de calidad en el seno de la LOCE? Antoni Ramis 
Jornadas sobre la escuela pública Feliciano Robles 
La escuela pública, causa de la justicia Feliciano Robles
Escuela pública: Retos internos y externos Feliciano Robles 

 

Libros en peligro

----- Original Message -----
From:
pablo combin
To: Muchos
Sent: Tuesday, November 05, 2002 3:34 AM
Subject: Biblioteca escolar



Queridos Amigos de los libros: me alegra saber que existe gente como ustedes que defienden los libros y las bibliotecas escolares. Les cuento que aquí la cosa pasa por algo peor: fui testigo del trato que tienen los libros por parte de algunas maestras argentinas. En mas de 20 años de compartir con ellas he visto utilizar valiosísimas obras para que los chicos recorten palabras o imágenes para que peguen en sus cuadernos, pero lo mas corrupto lo he visto hoy: en marzo fue donada una camionada de libros para concretar una biblioteca en una escuela, hoy, ¡NOVIEMBRE! los mismos libros fueron vendidos como papeles viejos para comprar cortinas!!!!!!! sin palabras. No imaginan todo lo que sentí por esos seres que les interesa mas un pedazo de trapo que la educación de los chicos, odio, indignación, impotencia, tolerancia, en fin, todo....Mientras hay escuelas que piden por favor que les donen libros algunas se dan el gusto (por el odio que le tienen a los chicos y a los libros en si) de hacer lo que hicieron hoy. luchen por las bibliotecas escolares y jamás bajen los brazos y cuenten conmigo para lo que sea necesario.
Por favor enviar sus comentarios, los necesito.

 

CURSO: “Educar par la acción y el compromiso social” 

----- Original Message ----- 
From: "Feliciano Robles" <
srobles@SUPERCABLE.ES>
To: 

Sent: Monday, November 04, 2002 9:05 PM

Subject: CURSILLISTA

Hola amigas y amigos: Hoy lunes he empezado la realización de un curso de 30 horas titulado "Educar par la acción y el compromiso social" organizado por la ONG, Intermonoxfam. www.intermonOxfam.org 

La verdad es que me lo he pasado muy bien en la primera sesión, somos 17 personas, 14 mujeres y tres varones y yo soy el mayor de todos y les he dicho que iba  a ser una especie de periodista, y que las cosas más importantes que se digan en ese curso las voy   a difundir por Internet para llegar a la conciencia de muchas personas  y sepan encontrar una gran motivación en ejercer la docencia como acto solidario extremo, ya que la sociedad necesita con urgencia la participación activa de docentes solidarios en todo el planeta para poder combatir con eficacia la desigualdad y la injusticia tan grande que hay en el mundo donde un 6% de la población, todos ellos de USA poseen el 59% de la riqueza mientras el 94% restante tiene que apañarse con un 41%.

Hay datos y más datos que avalan esta situación que nos está llevando a un abismo y a una situación explosiva donde las mayores inversiones por parte de los ciudadanos es adquirir más y más medios  de seguridad en forma de armas, policías , artefactos de control y seguridad, etc.

El curso ha empezado con algunas píldoras interesantes: Por ejemplo:
Los mejores educados del planeta no han sido capaces  de erradicar las guerras, las armas ni el hambre de este mundo".

Otra frase sacada de El Principito dice: "  No se ve bien con los ojos, no, solo se ve bien lo importante con el corazón".

Otra frase: Hay que saber mirar para poder ver: Que ves, que miras, desde donde. 
Finalmente a la Educación para el Desarrollo lo define así: Es una opción pedagógica integral desde una visión del mundo, una cosmovisión en la que la solidaridad internacional y la justicia constituyen un eje transversal para conseguir un verdadero desarrollo humano, que es el paso  para que todos pasen de unas condiciones de vida menos humanas a condiciones de vida humanas.

Seguiré informando. Un saludo. Feliciano

 

Segunda sesión 

----- Original Message ----- 
From: "Feliciano Robles" <
srobles@SUPERCABLE.ES>
To: 
Sent: Wednesday, November 06, 2002 6:02 AM
Subject: [PSICOEDUC] CURSILLISTAS (ii)


Hola amigas y amigos:  Hoy he asistido a la segunda sesión del Curso " Educar para la acción social y el compromiso social" y la verdad es que ha estado muy bien, por varias razones:
La preparación técnica del curso, usando las modernas tecnologías   de presentación de información de forma impactante y clara, con procedimientos informáticos.

La actitud del grupo de participantes, no es de esos cursos donde va la gente  a buscar el certificado de asistencia y poco más. Aquí somos pocos pero concienciados, primera condición necesaria para ser educador social.

Los contenidos que nos han dado a conocer hoy, son bastante clarificadores para hacerse una idea de como está la situación real de la llamada solidaridad consumista y del tratamiento que se hace de la información disponible.

Referente a la SOLIDARIDAD consumista hemos leido y analizado un texto del profesor de Ética, José Luis Aranguren donde de forma clarividente hace un análisis de las diversas formas que afronta la Solidaridad en el mundo desarrollado.

De una parte se aborda la solidaridad de la necesidad, desde un punto de vista egoísta, se dice " hay que ayudar a los países pobres para que no vengan a jodernos en pateras  o en camiones a la plácida y rica Europa. Esta solidaridad la ejercen los Gobiernos, y se hace a los gobiernos receptores de la ayuda más dependientes de los gobiernos que dan la ayuda. La palabra clave es responsabilidad

De otra parte la solidaridad como espectáculo,  a trasvés de diversos festivales, es ocasional, tiende  a paliar una desgracia, y es un modelo de ética postmoderna, indolora y neoepicureísmo.   La palabra clave es mercado.

Otra forma de Solidaridad son las campañas puntuales, se hace énfasis en las lacras más miserables, hambre, guerras, etc, las organizan ONG´s y medios de comunicación social, tienen por objeto paliar los efectos de las catástrofes, los que donan para estas campañas se sienten muy desculpabilizados , se promueve un emotivismo ético, y es de carácter económico impulsivo.  La palabra clave es  ayuda

La Solidaridad como Cooperación, es la que organizan las ONG´s con voluntariado, se ven los conflictos como desajustes del Sistema, se aborda la puesta en marcha de proyectos, los agentes toman conciencia y experiencia y se promueve la ética del consenso desde el acuerdo.  La palabra clave es  desarrollo

Por último se destaca la Solidaridad por el Encuentro, está organizada por ONG´s y voluntariado, se centra en el desequilibrio radica entre Norte/Sur, hay que ofrecer alternativas de promoción y transformación social desde los destinatarios, hay que contribuir a configurar un proyecto de vida, los destinatarios tienen que ser protagonistas de su proceso de liberación, conforma una Ética compasiva desde los excluidos y conlleva hacia La palabra clave es  transformación.

No cabe duda que un educador en el  desarrollo de la acción social y el compromiso tiene que tender hacia que su gestión sea conseguir la transformación del entorno donde actúa si este está enmarcado con altos niveles de injusticia y desigualdad.

El rol del educador solidario, se diferencia bastante del enseñante profesional  cuyos únicos objetivos son transmitir conocimientos y que  luego cada persona haga de los mismo lo que mejor le parezca.

Se dijeron muchas más cosas, pero creo que es suficiente para que os hagáis una idea de las pautas por las que se motiva un docente que quiera ser solidario y transformador de este mundo injusto y desigual donde habitamos.

Seguiré informando. Feliciano 

 

Educación. El origen de nuestra autoridad

----- Original Message -----
From: "FRANCISCO J. LOZANO SORIANO FUNDACION SAN VALERO - PROFESORES" <fjlozano@SVALERO.ES>
To: <EDULIST@LISTSERV.REDIRIS.ES>
Sent: Sunday, May 04, 2003 11:50 AM
Subject: [ED] El origen de nuestra autoridad


¡Hola amigos!:

Siempre que leo vuestros correos, cuando puedo hacerlo, me da mucha
rabia no poder participar por cuestión de tiempo. Hoy que tengo unos
minutillos quiero lanzar al ruedo una cuestión que me preocupa.

Es el tema de la autoridad en el aula. Yo escribí un artículo hace tres
o cuatro años que publiqué en la revista "Proyecto" que hacemos en
nuestro centro dirigida a los profesores (Precisamente este mes he
sacado otro, hacía meses que no colaboraba). Os lo envío porque sigue,
años después, reflejando claramente lo que pienso del tema. Yo doy
clase en primer ciclo de la ESO y soy el Orientador de todo el centro
para todos los niveles, excepto de primaria que no tenemos.

Espero que os guste y me agradaría saber lo que pensáis del tema.

Os invito si os apetece a entrar en la web de mi centro para que la
veáis, en ella podéis encontrar el "Proyecto de este mes". Creo que no
hace falta clave para leerlo.

Un abrazo desde Zaragoza

Javier

EL ORIGEN DE NUESTRA AUTORIDAD

Ya comienzan a hacer acto de presencia los primeros rayos de sol, esos que nuestros alumnos aprovechan al máximo en el recreo o a la puerta de la Escuela y que empiezan a alejar de su cabeza conceptos, ideas, teoremas y demás “rollos” para dar paso al parque, los ligues y otros menesteres que atraen mucho más su atención.

            A mí, por estas fechas me preocupa todo esto. ¿Qué podemos hacer para hacerles comprender su necesidad de no perder el ritmo?, ¿de apurar los cuatro días que quedan para las vacaciones de verano.?

Creo que debemos darnos cuenta de la edad que tienen, que no pueden hacer todo como a nosotros nos gustaría, que tal vez debamos acercarnos todavía un poco más a ellos, evidentemente sin perder de vista nuestro cometido. Llegados a este punto, podrás pensar que tu autoridad puede resentirse. Pero ¿tienes autoridad?, o lo que tienes o pretendes tener es poder.

Debemos pensar que esos chicos que, como he dicho en multitud de ocasiones desde estas páginas, nos sacan de quicio, esos adolescentes que nos enervan en demasía son los que deben darnos la autoridad que, en muchas ocasiones, pretendemos tener. En tu clase, como en la mía, la cercanía es esencial, debemos estar a su lado en este tramo tan decisivo para sus vidas y según en qué nivel estés más aún. Debemos ganarnos día a día su confianza, su cariño, en definitiva, ellos deben darnos esa autoridad que debemos emplear después para que nuestras clases funcionen, y ellos lo saben, son conscientes de que tú eres quien “manda” en el aula porque ellos mismos te han colocado en ese lugar, generalmente con una unanimidad aplastante con la que muchos adultos somos incapaces de responder.

            Debemos hacer un esfuerzo y recordar cuando éramos como ellos...

Es de sabios reconciliarnos con nuestra adolescencia; odiar, despreciar, negar o simplemente olvidar el adolescente que fuimos es en sí una actitud adolescente, una concepción de la adolescencia como enfermedad moral.[i]

...y no caer en el grave error de dedicarnos a la información con “afán de ser más juez que responsable del aprendizaje [ii], olvidando lo más importante, la formación integral como personas en esta etapa crítica de su desarrollo.                                                

Fco. Javier Lozano

 


[i] Como una novela”, Pennac, Daniel. Ed. Anagrama, Colección Argumentos, 137, Barna, 1998. 
[ii]
Sistemas educativos de hoy”, García Garrido, José Luis. Ed. Dykinson, 3ª edición, Madrid, 1993.

 

Este mundo de la injusticia globalizada

JOSÉ SARAMAGO

ELPAIS.ES
EDICIÓN IMPRESA
> OPINIÓN
Miércoles, 6 de febrero de 2002
© DIARIO EL PAÍS, S.L.

 

José Saramago es premio Nobel de Literatura. Este texto fue leído en la clausura del Foro Mundial Social reunido en Porto Alegre (Brasil).

 

Comenzaré por contar en brevísimas palabras un hecho notable de la vida rural ocurrido en una aldea de los alrededores de Florencia hace más de cuatrocientos años. Me permito solicitar toda su atención para este importante acontecimiento histórico porque, al contrario de lo habitual, la moraleja que se puede extraer del episodio no tendrá que esperar al final del relato; no tardará nada en saltar a la vista.

Estaban los habitantes en sus casas o trabajando los cultivos, entregado cada uno a sus quehaceres y cuidados, cuando de súbito se oyó sonar la campana de la iglesia. En aquellos píos tiempos (hablamos de algo sucedido en el siglo XVI), las campanas tocaban varias veces a lo largo del día, y por ese lado no debería haber motivo de extrañeza, pero aquella campana tocaba melancólicamente a muerto, y eso sí era sorprendente, puesto que no constaba que alguien de la aldea se encontrase a punto de fenecer. Salieron por lo tanto las mujeres a la calle, se juntaron los niños, dejaron los hombres sus trabajos y menesteres, y en poco tiempo estaban todos congregados en el atrio de la iglesia, a la espera de que les dijesen por quién deberían llorar. La campana siguió sonando unos minutos más, y finalmente calló. Instantes después se abría la puerta y un campesino aparecía en el umbral. Pero, no siendo éste el hombre encargado de tocar habitualmente la campana, se comprende que los vecinos le preguntasen dónde se encontraba el campanero y quién era el muerto. 'El campanero no está aquí, soy yo quien ha hecho sonar la campana', fue la respuesta del campesino. 'Pero, entonces, ¿no ha muerto nadie?', replicaron los vecinos, y el campesino respondió: 'Nadie que tuviese nombre y figura de persona; he tocado a muerto por la Justicia, porque la Justicia está muerta'.

¿Qué había sucedido? Sucedió que el rico señor del lugar (algún conde o marqués sin escrúpulos) andaba desde hacía tiempo cambiando de sitio los mojones de las lindes de sus tierras, metiéndolos en la pequeña parcela del campesino, que con cada avance se reducía más. El perjudicado empezó por protestar y reclamar, después imploró compasión, y finalmente resolvió quejarse a las autoridades y acogerse a la protección de la justicia. Todo sin resultado; la expoliación continuó. Entonces, desesperado, decidió anunciar urbi et orbi (una aldea tiene el tamaño exacto del mundo para quien siempre ha vivido en ella) la muerte de la Justicia. Tal vez pensase que su gesto de exaltada indignación lograría conmover y hacer sonar todas las campanas del universo, sin diferencia de razas, credos y costumbres, que todas ellas, sin excepción, lo acompañarían en el toque a difuntos por la muerte de la Justicia, y no callarían hasta que fuese resucitada. Un clamor tal que volara de casa en casa, de ciudad en ciudad, saltando por encima de las fronteras, lanzando puentes sonoros sobre ríos y mares, por fuerza tendría que despertar al mundo adormecido... No sé lo que sucedió después, no sé si el brazo popular acudió a ayudar al campesino a volver a poner los lindes en su sitio, o si los vecinos, una vez declarada difunta la Justicia, volvieron resignados, cabizbajos y con el alma rendida, a la triste vida de todos los días. Es bien cierto que la Historia nunca nos lo cuenta todo...

Supongo que ésta ha sido la única vez, en cualquier parte del mundo, en que una campana, una inerte campana de bronce, después de tanto tocar por la muerte de seres humanos, lloró la muerte de la Justicia. Nunca más ha vuelto a oírse aquel fúnebre sonido de la aldea de Florencia, mas la Justicia siguió y sigue muriendo todos los días. Ahora mismo, en este instante en que les hablo, lejos o aquí al lado, a la puerta de nuestra casa, alguien la está matando. Cada vez que muere, es como si al final nunca hubiese existido para aquellos que habían confiado en ella, para aquellos que esperaban de ella lo que todos tenemos derecho a esperar de la Justicia: justicia, simplemente justicia. No la que se envuelve en túnicas de teatro y nos confunde con flores de vana retórica judicial, no la que permitió que le vendasen los ojos y maleasen las pesas de la balanza, no la de la espada que siempre corta más hacia un lado que hacia otro, sino una justicia pedestre, una justicia compañera cotidiana de los hombres, una justicia para la cual lo justo sería el sinónimo más exacto y riguroso de lo ético, una justicia que llegase a ser tan indispensable para la felicidad del espíritu como indispensable para la vida es el alimento del cuerpo. Una justicia ejercida por los tribunales, sin duda, siempre que a ellos los determinase la ley, mas también, y sobre todo, una justicia que fuese emanación espontánea de la propia sociedad en acción, una justicia en la que se manifestase, como ineludible imperativo moral, el respeto por el derecho a ser que asiste a cada ser humano.

Pero las campanas, felizmente, no doblaban sólo para llorar a los que morían. Doblaban también para señalar las horas del día y de la noche, para llamar a la fiesta o a la devoción a los creyentes, y hubo un tiempo, en este caso no tan distante, en el que su toque a rebato era el que convocaba al pueblo para acudir a las catástrofes, a las inundaciones y a los incendios, a los desastres, a cualquier peligro que amenazase a la comunidad. Hoy, el papel social de las campanas se ve limitado al cumplimiento de las obligaciones rituales y el gesto iluminado del campesino de Florencia se vería como la obra desatinada de un loco o, peor aún, como simple caso policial. Otras y distintas son las campanas que hoy defienden y afirman, por fin, la posibilidad de implantar en el mundo aquella justicia compañera de los hombres, aquella justicia que es condición para la felicidad del espíritu y hasta, por sorprendente que pueda parecernos, condición para el propio alimento del cuerpo. Si hubiese esa justicia, ni un solo ser humano más moriría de hambre o de tantas dolencias incurables para unos y no para otros. Si hubiese esa justicia, la existencia no sería, para más de la mitad de la humanidad, la condenación terrible que objetivamente ha sido. Esas campanas nuevas cuya voz se extiende, cada vez más fuerte, por todo el mundo, son los múltiples movimientos de resistencia y acción social que pugnan por el establecimiento de una nueva justicia distributiva y conmutativa que todos los seres humanos puedan llegar a reconocer como intrínsecamente suya; una justicia protegida por la libertad y el derecho, no por ninguna de sus negaciones. He dicho que para esa justicia disponemos ya de un código de aplicación práctica al alcance de cualquier comprensión, y que ese código se encuentra consignado desde hace cincuenta años en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aquellos treinta derechos básicos y esenciales de los que hoy sólo se habla vagamente, cuando no se silencian sistemáticamente, más desprestigiados y mancillados hoy en día de lo que estuvieran, hace cuatrocientos años, la propiedad y la libertad del campesino de Florencia. Y también he dicho que la Declaración Universal de los Derechos Humanos, tal y como está redactada, y sin necesidad de alterar siquiera una coma, podría sustituir con creces, en lo que respecta a la rectitud de principios y a la claridad de objetivos, a los programas de todos los partidos políticos del mundo, expresamente a los de la denominada izquierda, anquilosados en fórmulas caducas, ajenos o impotentes para plantar cara a la brutal realidad del mundo actual, que cierran los ojos a las ya evidentes y temibles amenazas que el futuro prepara contra aquella dignidad racional y sensible que imaginábamos que era la aspiración suprema de los seres humanos. Añadiré que las mismas razones que me llevan a referirme en estos términos a los partidos políticos en general, las aplico igualmente a los sindicatos locales y, en consecuencia, al movimiento sindical internacional en su conjunto. De un modo consciente o inconsciente, el dócil y burocratizado sindicalismo que hoy nos queda es, en gran parte, responsable del adormecimiento social resultante del proceso de globalización económica en marcha. No me alegra decirlo, mas no podría callarlo. Y, también, si me autorizan a añadir algo de mi cosecha particular a las fábulas de La Fontaine, diré entonces que, si no intervenimos a tiempo -es decir, ya- el ratón de los derechos humanos acabará por ser devorado implacablemente por el gato de la globalización económica.

¿Y la democracia, ese milenario invento de unos atenienses ingenuos para quienes significaba, en las circunstancias sociales y políticas concretas del momento, y según la expresión consagrada, un Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo? Oigo muchas veces razonar a personas sinceras, y de buena fe comprobada, y a otras que tienen interés por simular esa apariencia de bondad, que, a pesar de ser una evidencia irrefutable la situación de catástrofe en que se encuentra la mayor parte del planeta, será precisamente en el marco de un sistema democrático general como más probabilidades tendremos de llegar a la consecución plena o al menos satisfactoria de los derechos humanos. Nada más cierto, con la condición de que el sistema de gobierno y de gestión de la sociedad al que actualmente llamamos democracia fuese efectivamente democrático. Y no lo es. Es verdad que podemos votar, es verdad que podemos, por delegación de la partícula de soberanía que se nos reconoce como ciudadanos con voto y normalmente a través de un partido, escoger nuestros representantes en el Parlamento; es cierto, en fin, que de la relevancia numérica de tales representaciones y de las combinaciones políticas que la necesidad de una mayoría impone, siempre resultará un Gobierno. Todo esto es cierto, pero es igualmente cierto que la posibilidad de acción democrática comienza y acaba ahí. El elector podrá quitar del poder a un Gobierno que no le agrade y poner otro en su lugar, pero su voto no ha tenido, no tiene y nunca tendrá un efecto visible sobre la única fuerza real que gobierna el mundo, y por lo tanto su país y su persona: me refiero, obviamente, al poder económico, en particular a la parte del mismo, siempre en aumento, regida por las empresas multinacionales de acuerdo con estrategias de dominio que nada tienen que ver con aquel bien común al que, por definición, aspira la democracia. Todos sabemos que así y todo, por una especie de automatismo verbal y mental que no nos deja ver la cruda desnudez de los hechos, seguimos hablando de la democracia como si se tratase de algo vivo y actuante, cuando de ella nos queda poco más que un conjunto de formas ritualizadas, los inocuos pasos y los gestos de una especie de misa laica. Y no nos percatamos, como si para eso no bastase con tener ojos, de que nuestros Gobiernos, esos que para bien o para mal elegimos y de los que somos, por lo tanto, los primeros responsables, se van convirtiendo cada vez más en meros comisarios políticos del poder económico, con la misión objetiva de producir las leyes que convengan a ese poder, para después, envueltas en los dulces de la pertinente publicidad oficial y particular, introducirlas en el mercado social sin suscitar demasiadas protestas, salvo las de ciertas conocidas minorías eternamente descontentas...

¿Qué hacer? De la literatura a la ecología, de la guerra de las galaxias al efecto invernadero, del tratamiento de los residuos a las congestiones de tráfico, todo se discute en este mundo nuestro. Pero el sistema democrático, como si de un dato definitivamente adquirido se tratase, intocable por naturaleza hasta la consumación de los siglos, ése no se discute. Mas si no estoy equivocado, si no soy incapaz de sumar dos y dos, entonces, entre tantas otras discusiones necesarias o indispensables, urge, antes de que se nos haga demasiado tarde, promover un debate mundial sobre la democracia y las causas de su decadencia, sobre la intervención de los ciudadanos en la vida política y social, sobre las relaciones entre los Estados y el poder económico y financiero mundial, sobre aquello que afirma y aquello que niega la democracia, sobre el derecho a la felicidad y a una existencia digna, sobre las miserias y esperanzas de la humanidad o, hablando con menos retórica, de los simples seres humanos que la componen, uno a uno y todos juntos. No hay peor engaño que el de quien se engaña a sí mismo. Y así estamos viviendo.

No tengo más que decir. O sí, apenas una palabra para pedir un instante de silencio. El campesino de Florencia acaba de subir una vez más a la torre de la iglesia, la campana va a sonar. Oigámosla, por favor.